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Entonces nos sumergimos en un proceso de indagación en el que mi cliente, llamémosle Francisco, va dando forma a su anhelo (pues no siempre lo tiene claro ni lo ha verbalizado) y finalmente lo define. Por ejemplo:
Francisco: Me he dado cuenta de que tengo muchísimas ideas, algunas de ella muy buenas, y que lo que quiero es crear una empresa.
Hecho esto, pasamos a una fase determinante que a menudo se obvia en estos procesos: explorar la fuente de motivación, la verdadera fuerza motriz. ¿De dónde arranca el impulso? Un ejemplo breve y bastante común:
Coach: Y esa empresa que deseas crear, ¿qué crees que te aportará?
Francisco: Mmmm... Libertad
Coach: ¿Te sientes libre ahora?
Francisco: No, me siento atrapado, como si no tuviera opciones.
La conversación anterior con Francisco anuncia el salto inminente del pez de una pecera a otra. ¿Qué quiero decir con esto? Que a menudo confundimos el mar con una pecera mayor. Pensamos que estamos en un acto creativo, cuando lo que estamos haciendo es resolver lo que percibimos como un problema. Y esta confusión en sí puede acarrear más problemas.
Imaginemos a Francisco creando esa empresa. ¿Crees que obtendrá la libertad anhelada a través de la empresa? Te puedo responder rápidamente. NO. Porque cuando quiera que utilizamos algo externo (dinero, pareja, profesión, trabajo) para darnos aquello que sólo nosotros mismos nos podemos aportar (bienestar, felicidad, tranquilidad, alegría, libertad), estamos preparando el caldo de cultivo del conflicto interno. Esto es lo que denomino una meta tóxica. ¿Por qué es tóxica? Porque esperamos que a través de ella nos podremos enchufar a algo que JAMÁS vendrá de fuera de nosotros y SIEMPRE vendrá de dentro, aunque parezca lo contrario.
El hecho de tener una "buena meta" no la hace congruente con nosotros. No todas las metas son congruentes ni coherentes, y no me cansaré de educar a mis clientes, a mis alumnos y alumnas coaches y a mí misma para que distingamos bien y estemos atentos al espejismo de la pecera grande, no vaya a ser que la confundamos con el mar (¡yo aún sigo cayendo en peceras grandes, aunque cada vez salgo más rápido!).
Cansada de seguir encontrándome la imagen de la meta tóxica en artículos, páginas y redes sociales, emprendí una búsqueda para encontrar una imagen que expresara un verdadero salto a la libertad, un salto a la infinidad de opciones que sólo puede venir de estar alineada con la sabiduría y el bienestar internos. Cuando esta alineación ocurre, jamás confundiremos la pecera con el mar porque estamos operando con nuestra brújula interna. ¡Y la encontré! He aquí... ¡Saltemos!
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