Según Michael Neill, “Aquello que decidas nunca impactará tu vida tanto como tu forma de manejar las consecuencias de tus decisiones”. Un ejemplo: casarse con la persona equivocada no es más que un error, pero continuar en matrimonio (o relación de pareja) con él o ella y vivir en la amargura por ello, es una pésima decisión. Meter la pata en algo es un error, pero permitir que ello te carcoma por dentro una y otra vez, es una pésima decisión. Puedes transformar las pésimas decisiones, cambiando de idea y tomando una decisión alternativa y diferente. ¿Qué decisión alternativa tomarás hoy? Yo ya he escogido la mía ;-))
El coaching transformador consiste en armonizar la acción interna con la accion externa, y no solamente en la definición y consecución de metas y objetivos.
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lunes, 2 de abril de 2012
Mini -sesión de coaching
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domingo, 1 de abril de 2012
Mini-sesión de coaching
¿Qué tres cosas, situaciones, personas estás tolerando actualmente en tu vida? Párate de verdad a pensarlo. En esta pregunta incluye todo aquello que te merma o que drena tu energía y que te impide ser la mejor expresión de ti en este momento, y disfrutar de quien eres y de lo que haces. Cuando transformas aquello que “toleras”, te conectas con tu capacidad de elegir y con el bienestar, y tienes más tiempo y energía para dedicarte a lo que deseas. De tu lista inicial escoge una situación que estabas tolerando: ¿cómo la vas a transformar hoy? ¡Disfruta de tu día y de tu vida!
lunes, 5 de septiembre de 2011
Todo llega: navegar por las transiciones
La casa del corazón dejé en ruinas con mis manos.
Y supe que en las ruinas el tesoro está.
Y supe que en las ruinas el tesoro está.
Rumi (poeta místico persa, s. XIII)
Recientemente uno de mis clientes, que está viviendo una transición importante en un área de su vida, se quejaba de que a pesar de poner todo de su parte para impulsar el cambio hacia lo nuevo y mejor, las cosas no parecían salir. “¡Parece como que nunca llego!" se quejaba. Cierto es que había dado pasos pequeños, grandes, y algunos de ellos, gigantescos y retadores para él, y la evidencia de los resultados parecía ser lenta. Reflexionando acerca de esta situación y de otras similares que he vivido en mi propia vida en las que, aparentemente, he puesto todo lo que he sabido de mi parte, y he recibido un aparente silencio inicial por respuesta de mi universo, recordé una anécdota que comparto con ustedes ahora.
Hace muchos años, en mi época de universitaria en Londres, una de mis compañeras de carrera me invitó a compartir un almuerzo navideño con su familia, una singular mezcla de italiana, irlandesa e inglesa. Recuerdo en esa comida que el tradicional Christmas pudding[1], postre que tiene su origen en la Inglaterra medieval, fue el mejor que había probado en toda mi vida. “¡Qué maravilla de Christmas pudding!”, comenté mientras me deleitaba en todos los aromas, sabores y texturas que recogía mi paladar. Cuando concluyó ese inolvidable almuerzo horas más tarde, me aventuré a pedirle la receta, y digo me aventuré porque es un tema delicado. Algunas de las recetas de Christmas pudding han ido pasando de generación en generación y no se comparten con extraños. Ella me llevó a la despensa y extrajo de un oscuro rincón una antigua lata de galletas. La abrió, y allí vi, envuelto en un paño de lino, su tesoro. En la tapa de la lata, por fuera, estaba anotada la receta, con la fecha de elaboración del Christmas pudding que sostenía en sus manos. Me quedé boquiabierta al comprobar que la había elaborado en enero (estábamos a diciembre). ¡El pudding había estado macerándose todo un año!
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| Christmas pudding |
Lo fascinante de esto es que nuestra atención se centra sobre todo en los extremos de las transiciones: en los finales (y toda transición, paradójicamente, comienza por un final), porque la sensación de pérdida y el apego “a lo que era y ya no es” nos conecta con la tristeza, la confusión y la incertidumbre; y en los principios porque son exhilarantes y nos conectan con el optimismo y la emoción de lo nuevo. Pero existe otra área importante que necesitamos habitar en cualquier período de transición que es esa etapa intermedia, esa zona neutral, donde poco parece suceder. Y esta etapa es determinante, pero la menos apreciada en el proceso porque no parece estar ocurriendo mucho en ella, por más que hagamos.
Las antiguas sociedades tribales se cuidaban mucho de educar a sus integrantes en estos períodos "entremedios". El antropólogo Arnold van Gennep, que fue quien acuñó el término “rito de paso” describe cómo en determinadas ceremonias se separaba al inidividuo del grupo, y se le aislaba para que viviera una muerte simbólica, por ejemplo se le enviaba al desierto o a habitar alguna zona inhóspita (los aborígenes australianos en su walkabout enviaban al adolescente a vivir 6 meses solo en terreno salvaje) y, pasado el período de aislamiento y una vez integrados los cambios, se le rehabilitaba y reinsertaba en el grupo.
En nuestra sociedad, desafortunadamente, estos importantes períodos de contemplación, se consideran vacíos porque los vivimos desde la óptica de la carencia, de la ausencia de algo, y por ello terminamos abandonando o sustituyendo proyectos, planes de futuro, parejas y libros a medio escribir, porque los resultados no son inmediatamente visibles.
Por otra parte, en esta misma zona neutral donde nada parece suceder en el plano físico, algunas personas notan cómo surge en ellas un anhelo por aislarse unos días, irse a una casa de campo prestada, irse de retiro o incluso separarse temporal o definitivamente del círculo de amistades asociadas a una etapa obsoleta de sus vidas. Este, al igual que el embarazo, es un período de gestación, absolutamente necesario para que emerja el ser de esta nueva etapa, completo, congruente y con un nuevo sentido de propósito en la vida. Es importantísimo, si aún anhelamos esa transformación, no abandonar y mantenernos en la espera activa.
Por otra parte, en esta misma zona neutral donde nada parece suceder en el plano físico, algunas personas notan cómo surge en ellas un anhelo por aislarse unos días, irse a una casa de campo prestada, irse de retiro o incluso separarse temporal o definitivamente del círculo de amistades asociadas a una etapa obsoleta de sus vidas. Este, al igual que el embarazo, es un período de gestación, absolutamente necesario para que emerja el ser de esta nueva etapa, completo, congruente y con un nuevo sentido de propósito en la vida. Es importantísimo, si aún anhelamos esa transformación, no abandonar y mantenernos en la espera activa.
De modo que si estás en esa zona neutral, en este momento, con la sensación de haber movido todas las fichas que has de mover, quizás sea momento de permitirte vivir plenamente ese período intermedio, para que, como dice Rumi en su poema, surja de las ruinas el Tesoro anhelado. En resumidas cuentas:
1. No tengas prisa. Aprovecha para disfrutar de lo aparentemente insignificante: el canto de un pájaro, la elaboración de un plato, el trayecto matutino.
2. Acepta la incomodidad. Sé consciente de que no siempre entenderás todo lo ocurrido, ni que recibirás respuestas claras y contundentes a tus preguntas. Todo período de aprendizaje va precedido de un período de confusión.
3. Utiliza este período de gestación para deleitarte en ti, a la vez que sigues dando los pasos necesarios para crear lo nuevo.
Es en este mismo espacio donde, al igual que el Christmas pudding de Verónica, irán macerando todos esos deliciosos ingredientes que hemos ido añadiendo a nuestros proyectos, a nuestras relaciones, a nuestros sueños. ¿Para qué? Para que emerja el ser que nos permitirá encaminarnos y atraer aquello que más vibre con nuestra energía y nuestros valores actualizados. Fue en ese mismo pudding macerado en el que, por vez primera, encontré una moneda de oro macizo, augurio de fortuna para el nuevo año que comenzaba.
Mucha Luz en tu camino. Y gracias por tu compañía.
[1] Postre navideño, de origen británico, que consiste en una elaboración compuesta de frutos secos, melazas, azúcares, zumos de fruta y brandy, entre otras cosas. Tradicionalmente a uno de los comensales le tocará encontrar una moneda oculta en el mismo, signo de fortuna para el año venidero.
Formación intensiva en Coaching Transformador: Las Palmas, 26 sep - 21 oct 2011. Plazas muy limitadas. Info:
http://es.scribd.com/doc/63972982/Formacion-Coaching-Transformador
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sábado, 2 de abril de 2011
Coaching transformador para las crisis
La crisis. Una de las palabras que escucho con más frecuencia en mi práctica de coaching. Crisis personal, crisis de pareja, crisis económica, crisis adolescente, crisis emocional, crisis en el trabajo, crisis social, crisis de identidad, clientes en crisis. Bastante repetido es el pictograma chino de la palabra crisis, con sus significados combinados de peligro y oportunidad. Pero, en nuestro idioma, ¿de dónde procede la palabra crisis? El año pasado un compañero consultor me pidió que le sustituyera un día en un curso que estaba dando sobre la crisis. Entré en crisis rápidamente: “¿Cómo voy a hablar de crisis? ¡Yo no soy economista!”, pensé, aterrorizada. Pero la insensata parte de mí, a la que le gustan los retos, contestó rauda, veloz y antes de que el miedo fulminante apareciera en escena: “¡Claro, sin problema!”
Con el corazón latiéndome a mil, la boca seca y aplicándome todos esos recursos de relajación que llevo en mi caja de herramientas para la vida, me lancé a prepararme la clase. Y lo primero que hice fue indagar la etimología de la palabra crisis, y esto es lo que aprendí:
Proviene del griego κρίσις (krísis) que a su vez viene de κρίνω (kríno), que significa, entre otras cosas, seleccionar, separar, enjuiciar o decidir. De ella evolucionó la palabra “crítica” que tiene que ver con hacer un análisis o una evaluación de una situación. Pero la acepción más interesante que encontré, utilizada en una frase por el mismo Hipócrates, y de uso corriente en la Grecia clásica, es la de crisis como “punto de inflexión en una enfermedad, que luego será determinante de si la persona vive o muere.” ¡Fascinante!
Cuando un/una cliente decide comenzar un proceso de coaching, suele encontrarse precisamente en un punto de inflexión. Algo en su vida está en crisis, y la persona sabe que algo debe transformarse para recuperar la armonía. Lo interesante de las crisis, a las que yo prefiero llamar “etapas de transición” (sólo porque genera en mí mayor sensación de confianza y bienestar), es que uno no está ni al principio ni al final de algo, sino más bien en tierra de nadie. Es como si la persona hubiese atravesado un umbral hacia un mundo desconocido, donde llega con las reglas, usos y costumbres del mundo al que estaba acostumbrada, y se empeña en utilizar esas reglas, usos y costumbres en este nuevo mundo porque es lo que conoce y es con lo que está familiarizada. Pero la crisis, etapa de transición, o ese "mundo desconocido" no necesariamente comparten esas reglas. Y sí, ese “pequeño” vacío donde lo antiguo ya no sirve y lo nuevo es ajeno, puede ser aterrador. La impredecibilidad nos conecta con nuestra propia vulnerabilidad.
Encontrarnos sin trabajo, después de estar toda una vida prestando nuestros talentos al servicio de otros, encontrarnos sin la pareja que creíamos tener de por vida, encontrar que la llegada de un hijo ha cambiado una forma de vida cómoda y familiar por otra familiar, pero no tan cómoda ni conocida, encontrar que los clientes que antes pagaban con asiduidad ya no pueden pagarnos, encontrar que ya no encajo en mis entornos ni entre mis amigos y amigas habituales, todo ello, y más, son manifestaciones del encuentro con esa nueva realidad, con ese "pequeño" vacío, donde los parámetros han cambiado. Y esto realmente es lo normal. Lo que pasa es que los seres humanos convertimos en normal el “no-cambio”. Y aquí es donde radica el punto de inflexión.
Entonces, ante esta oportunidad que me permite, según la etimología, separarme de lo anterior, seleccionar y tomar decisiones acerca de la nueva realidad que contribuiré a crear ahora con las acciones que decida tomar, ¿qué decido? La psicóloga y escritora Gill Edwards decía que "Puedes tener lo que quieres, o tus excusas para no tenerlo" ("You can have what you want, or your excuses for not having it").
Las opciones son infinitas, pero consideremos dos de ellas, por abreviar. La primera está en adoptar la mirada de víctima. Y está puede ser deliciosamente reconfortante durante un breve período de tiempo, y es posible que hasta sea necesario lamerme las heridas y mostrarlas a los demás para recibir el apoyo que necesito en esa primera etapa de desorientación y shock. El peligro está en convertir la crisis (cualquiera de ellas: Crisis o crisis) en mi tarjeta de visita de víctima. Recuerdo un grupo de trabajo personal, de los años ochenta en Londres, cuyos integrantes tenían la cruel (pero a veces hilarante) consigna de decirse entre sí “Victim story!” cuando alguien se afincaba en su historia de dolor y pena, y se negaba a salir de ella. Y es que las historias de víctima (las “victim stories!”) nos hacen sentirnos especiales, diferentes, nos ponen en el lado de la razón y despiertan la simpatía y la indignación de nuestros escuchantes. Una parte de nuestra cultura (y si no observen atentamente determinados canales de televisión) está edificada sobre los cimientos del victimismo. Y repito: es una opción. Y planteo: ¿cuáles son sus consecuencias a largo plazo?
Cuando invertimos demasiada energía en esta opción, mermamos la energía disponible para las otras opciones. Es como estar aferrados al umbral, ante las posibilidades infinitas de ese nuevo mundo, gritando “¡Estoy obligada a estar aquíííí!” Cuando las únicas manos que se aferran a lo antiguo son las mías, y mientras estoy aferrada al umbral, me niego la posibilidad de adentrarme en el nuevo mundo para explorar sus posibilidades.
¿Estás en crisis? He aquí la otra opción. Suelta. Adéntrate en ese nuevo mundo de posibilidades. Date permiso para no tener todas las respuestas de inmediato. Puede que algunos de tus recursos te sean útiles, pero lo cierto es que necesitarás recombinarlos o desarrollar algunos nuevos. Date permiso para equivocarte por el camino, para explorar, para pedir ayuda. Sí, es aterrador, es nuevo, es desconocido, tendrás que agudizar los sentidos, reeducarte, volver a aprender y aprehender, e ir creando nuevas reglas, y habituarte a él…hasta la próxima crisis.
En aquella clase de dos horas que finalmente di, no sin cierta zozobra, una de las participantes hablaba de su manera de experimentar la crisis como una fuerza creativa en la que la adversidad le había permitido manifestar sus talentos ocultos y crear un nuevo camino en su vida. Es como ir por un solitario camino, en una noche fría y cerrada, y encontrar que un enorme tronco de madera te bloquea el paso, y no ves la forma de atravesarlo. Puedes lamentarte, maldecir el tronco, enfadarte, frustrarte, y no hay nada de malo en ello… sólo que… ¿y si enfocas tu energía en crear nuevas posibilidades? Si tuvieras unos fósforos o un mechero a tu alcance... ¿y prendieras fuego al tronco? Podrías disfrutar del calor que te da. Y también de la luz. Como dice el coach Steve Chandler, utiliza el problema para encender tu fuego interior, consúmelo y conviértelo en energía. Y ello cambiará las historias que te cuentas.
Mucha Luz en tu camino. Y gracias por tu compañía.
miércoles, 9 de marzo de 2011
¿Qué es el coaching transformador?
¡Enhorabuena y gracias por llegar hasta aqui! Me pregunto qué te trajo... ¿La curiosidad? ¿Una necesidad? ¿Un anhelo, quizás? Sin duda algo interno que transformaste en movimiento y acción. Algo similar al proceso de coaching, solo que éste se realiza en compañía. Si te interesa ahondar en lo que es este mundo del coaching que tanto auge ha experimentado en los últimos años, este podría ser el lugar adecuado, ya seas coach profesional, aspirante a coach, o una persona en busca de mayores posibilidades.
Para empezar, encontrarás tantas definiciones del coaching como coaches existen en nuestro planeta, la mayoría con los siguientes denominadores comunes: orientación a metas y resultados, orientación al futuro, y orientación a las soluciones (en lugar de los problemas). Y bien pudieran ser estos los aspectos fundamentales del proceso del coaching, solo que, si nos fijamos, la orientación (valga la redundancia) de cada uno de estos denominadores definitorios parece ser hacia lo externo: metas, resultados, futuro y soluciones.
Hace algunos años, cuando vivía en Londres, se emitía en la televisión un anuncio para un reputado periódico británico. En el anuncio, de tintes gris-oscuros, se ve a un skinhead que, alejándose de un coche que avanza lentamente por la calzada, corre hacia un hombre de negocios quien, al verlo, reacciona con alarma y defensividad, interponiendo su maletín a modo de escudo para protegerse del inminente asalto.
El narrador, mientras tanto, comenta que un acontecimiento, visto desde una perspectiva, aporta una impresión, visto desde otra, aporta una impresión diferente. Pero sólo cuando tienes la perspectiva completa, puedes comprender completamente lo que ocurre. Y es entonces que la cámara, al cambiar de enfoque, nos permite recoger todos los elementos que no habíamos podido tener en cuenta antes: resulta que por encima del hombre de negocios, está cayendo una carga de sacos de mampostería, y el skinhead, abalanzándose sobre él para desviarle de la trayectoria de los escombros, se apresura a salvarlo de un terrible accidente.
Si te interesa verlo, aquí tienes el vínculo:
http://www.youtube.com/watch?v=M3bfO1rE7Yg&NR=1
El coaching, ¡aunque menos dramático!, es un poco como la situación descrita. Un/Una cliente viene con una situación (a veces conocida como "problema") que desea transformar. Cuando llega suele tener una mirada limitada sobre la situación. La labor del coach o de la coach consiste, al igual que hace la cámara en el anuncio, en ampliar dicha mirada, de modo que su cliente pueda contemplar más posibilidades, y ampliar sus opciones de actuación. Como oí decir a John Grinder (co-creador de la Programación Neurolingüística) hace unos años: "las opciones son el elixir de los dioses".
Entonces, sí, el coaching podría estar enfocado a lo externo: "quiero llegar de A a B". Es un tipo de coaching horizontal, y muy útil para la consecución de objetivos a corto plazo. Pero el coaching transformador va más allá de enfocar a una persona hacia una meta. El coaching transformador armoniza el mundo interior con el exterior para transformar y enriquecer la experiencia del cliente, a nivel sistémico, de modo que las opciones para llegar a B se amplíen, que llegue a contemplar otros caminos como opciones complementarias o alternativas, y que esta nueva mirada le dote de los recursos para, a la par y mediante la acción, impactar en otras áreas de su vida.
Para empezar, encontrarás tantas definiciones del coaching como coaches existen en nuestro planeta, la mayoría con los siguientes denominadores comunes: orientación a metas y resultados, orientación al futuro, y orientación a las soluciones (en lugar de los problemas). Y bien pudieran ser estos los aspectos fundamentales del proceso del coaching, solo que, si nos fijamos, la orientación (valga la redundancia) de cada uno de estos denominadores definitorios parece ser hacia lo externo: metas, resultados, futuro y soluciones.
Hace algunos años, cuando vivía en Londres, se emitía en la televisión un anuncio para un reputado periódico británico. En el anuncio, de tintes gris-oscuros, se ve a un skinhead que, alejándose de un coche que avanza lentamente por la calzada, corre hacia un hombre de negocios quien, al verlo, reacciona con alarma y defensividad, interponiendo su maletín a modo de escudo para protegerse del inminente asalto.
El narrador, mientras tanto, comenta que un acontecimiento, visto desde una perspectiva, aporta una impresión, visto desde otra, aporta una impresión diferente. Pero sólo cuando tienes la perspectiva completa, puedes comprender completamente lo que ocurre. Y es entonces que la cámara, al cambiar de enfoque, nos permite recoger todos los elementos que no habíamos podido tener en cuenta antes: resulta que por encima del hombre de negocios, está cayendo una carga de sacos de mampostería, y el skinhead, abalanzándose sobre él para desviarle de la trayectoria de los escombros, se apresura a salvarlo de un terrible accidente.
Si te interesa verlo, aquí tienes el vínculo:
http://www.youtube.com/watch?v=M3bfO1rE7Yg&NR=1
El coaching, ¡aunque menos dramático!, es un poco como la situación descrita. Un/Una cliente viene con una situación (a veces conocida como "problema") que desea transformar. Cuando llega suele tener una mirada limitada sobre la situación. La labor del coach o de la coach consiste, al igual que hace la cámara en el anuncio, en ampliar dicha mirada, de modo que su cliente pueda contemplar más posibilidades, y ampliar sus opciones de actuación. Como oí decir a John Grinder (co-creador de la Programación Neurolingüística) hace unos años: "las opciones son el elixir de los dioses".
Entonces, sí, el coaching podría estar enfocado a lo externo: "quiero llegar de A a B". Es un tipo de coaching horizontal, y muy útil para la consecución de objetivos a corto plazo. Pero el coaching transformador va más allá de enfocar a una persona hacia una meta. El coaching transformador armoniza el mundo interior con el exterior para transformar y enriquecer la experiencia del cliente, a nivel sistémico, de modo que las opciones para llegar a B se amplíen, que llegue a contemplar otros caminos como opciones complementarias o alternativas, y que esta nueva mirada le dote de los recursos para, a la par y mediante la acción, impactar en otras áreas de su vida.
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