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miércoles, 1 de junio de 2011

La mirada transformadora


Los ojos de los seres vivos poseen la más sorprendente de las virtudes: la mirada. No existe nada tan singular. De las orejas de las criaturas no decimos que poseen una "escuchada", ni de sus narices que poseen una "olida" o una "aspirada".
¿Qué es la mirada? Ninguna palabra puede aproximarse a su extraña esencia. Y, sin embargo, la mirada existe. Incluso podría decirse que pocas realidades existen hasta tal punto.
¿Cuál es la diferencia entre los ojos que poseen una mirada y los ojos que no la poseen? Esta diferencia tiene un nombre: la vida. La vida comienza donde empieza la mirada.                                                                           Amélie Nothomb  -  La metafísica de los tubos

La mirada. Una de mis expresiones favoritas. Habla de una manera específica de utilizar los ojos, pero va más allá de la vista. La mirada revela nuestra particular manera de dirigir la conciencia, de percibir eso que llamamos realidad y que asumimos está fuera, más allá de los límites demarcados por nuestra piel. Cada mirada crea su enfoque particular y es capaz de evocar en quien la proyecta todo tipo de percepciones y sensaciones, influyendo incluso en la percepción del tiempo, de los ritmos, de los movimientos, de las audiciones y, sobre todo, en las sensaciones internas, en eso que llamamos “emociones”.
Si la mirada tiene tanto poder, ¿cómo es que no aprendemos a dirigirla conscientemente? ¿Cómo es que elijo adoptar miradas como “yo nunca podría…(sustitúyase el espacio en blanco por todo aquello que anhelamos ser, hacer o tener, pero que no nos permitimos: crear más tiempo para nuestro esparcimiento y bienestar, tocar a puertas para pedir lo que necesitamos – trabajo, ayuda, apoyo, dinero para un proyecto, compañía, escucha, cambios…)”. Seguramente porque no hemos aprendido a hacerlo, no hemos recibido entrenamiento en cómo dirigir nuestra consciencia, y si lo hemos recibido, ha sido mínimo. ¿De qué manera se transformaría tu vida si comenzaras a entrenar tu mirada para crear una percepción de la realidad más acorde a tus necesidades, y  también a tus anhelos y deseos más profundos, para tu bienestar y el de las personas que te rodean?
¿Cómo diriges tu mirada en tu vida, en tus diferentes ámbitos y hacia las diferentes personas con las que te relacionas? La mirada no es prerrogativa de las personas videntes, sino de todo ser humano, de modo que ¿por qué no entrenarnos AHORA para dirigirla de una manera más benévola, con el fin de crear resultados que nos conecten con la felicidad que llevamos dentro, con más frecuencia?
¿Qué es esa fuerza misteriosa (o conjunto de fuerzas) que se oculta tras la mirada? Una de las fuerzas que se oculta tras la mirada, influye continuamente en ella, y la determina, son las creencias, esa especie de "andamio mental" [1] que armamos, basándonos en experiencias del pasado, y que nos permite dotar de certidumbre a nuestra realidad. 

Sería ridículo tener que reaprender cómo abrir una puerta cada vez que me encuentro con una. El cerebro es una máquina de predicción que generaliza el aprendizaje de unas pocas experiencias y lo convierte en creencias: “una puerta se abre así”…, hasta que nos encontramos con una con picaporte diferente o con las bisagras cambiadas, con lo cual tenemos que readaptar la creencia, generalización, o mirada y reaprender. Eso quiere decir que podemos cambiar de mirada según el contexto y las circunstancias, ¿no? ¿Por qué no flexibilizar y hacerlo? ¿Por qué asumir, por ejemplo, que el hecho de haber "fracasado" UNA vez (o más) en algo (relación de pareja, relación familiar,  trabajo, creación de proyectos, cualquier iniciativa) significa que siempre va a ser así y por lo tanto he de evitarlo? Esta mirada sería un ejemplo de cómo nuestra manera de enfocar convierte a la creencia en una fuerza constrictiva, al estar fuera de cuestionamiento y considerársela como verdad absoluta. ¿Podría adoptar una mirada diferente, como por ejemplo, “Esto (en lugar de "fracaso"), es un aprendizaje que me indica que aún necesito (y valga aquí la redundancia) aprender algo más en este contexto”?
En el libro “El camino de la sabiduría” de Deepak Chopra, el rey Arturo le explica a su esposa Guinevere lo que Merlín le ha explicado a su vez a él, acerca de la naturaleza de la realidad, y lo hace con un ejemplo: le pide a su mujer que salga de la cámara y que no regrese hasta la medianoche. Así lo hace ella, y cuando llega, se encuentra el aposento sumido en la oscuridad.
Arturo le indica que está al otro lado del aposento, y le pide que camine hacia él describiendo los objetos que hay a su paso. Guinevere, extrañada, le sigue el juego y, a la vez que camina con cautela para no tropezar en la oscuridad reinante,  va describiendo todo lo que hay a su paso: que si el lecho, que si un cofre, que si un candelabro, y así sucesivamente. Cuando termina de describir los contenidos del aposento, Arturo enciende, tranquilamente unas velas, con lo cual Guinevere comprueba, atónita, que la cámara está vacía. Ante su confusión, Arturo explica:
“Todo lo que habéis descrito era una especie de expectativa de lo que este aposento contiene y no de lo que realmente había en él. Pero la expectativa es potente. Incluso sin luz visteis lo que esperabais y reaccionasteis de acuerdo con ello. ¿No habéis tenido la impresión de que el aposento era el mismo? ¿No habéis andado con tiento donde temíais tropezar con algo?” Termina diciendo: “Toda experiencia se basa en la continuidad, a la cual nutrimos recordándolo todo tal como era el día anterior, la hora anterior o el segundo anterior”.
En otras palabras, nuestra “realidad” es un conjunto de momentos presentes a los que los seres humanos dotamos de continuidad a través de una serie de creencias que se nutren de un pasado obsoleto.
Vayamos ahora al coaching transformador y examinemos nuestras diferentes miradas en nuestros diferentes ámbitos de actuación. Detente unos segundos o minutos después de leer cada pregunta, cierra los ojos, respira y contesta con el corazón en la mano:
¿Qué creo acerca de mí?
¿Qué creo acerca del dinero?
¿Qué creo acerca de mis posibilidades en tal o cual contexto?
¿Qué creo acerca de la vida - de MI vida?
¿Qué creo acerca del amor y mis relaciones?
¿Qué creencias mantengo actualmente que se nutren de un pasado ya obsoleto?
¿Qué me aportan realmente dichas creencias?
¿Qué me impiden ver / hacer / tener / ser esas creencias obsoletas?
¿Cómo afectan a mi mirada en el presente?
Las creencias son como unas gafas que tiñen nuestra realidad y nuestra manera de reaccionar ante ella, y si no lo crees así, imagínate que vas a una entrevista de trabajo con la creencia “No tengo nada que aportar”  y nota cómo actúas en ella y cómo percibes a tus entrevistadores (y ellos a ti). Ahora imagina que adoptas una creencia más útil para dirigir tu mirada y tu experiencia en el contexto: “Tengo todo que aportar: soy una fuente inagotable de vivencias, experiencias, aprendizajes y sabiduría interna”. Percibe las diferencias. Cuestión de quitarnos unas gafas y ponernos otras. Requiere entrenamiento, pero permítete experimentarlo.
Termino esta entrada de junio compartiendo una anécdota familiar con ustedes. Mi hijo de 10 años invita a un amigo de la misma edad a pasar este último fin de semana con nosotros. Es la noche de la Champions. Están los dos sentados ante el televisor, listos para ver el partido. Me detengo en seco. Algo no encaja. ¡Aaaahhh! Ya veo… Ambos están pertrechados con camisetas del Barça cuando son ávidos fans del Real Madrid. Algo extrañada, lo dejo pasar, sus motivos tendrán. Primer gol: del Barça a favor de España… vitorean. Segundo gol: del Manchester United, a favor de Inglaterra… ¡vitorean! Tercer y cuarto gol: del Barça a favor de España... vitorean. Ya no aguanto más y los desafío. Mi inflexible mente de adulta necesita comprender este chaquetismo. “¡Eh, chicos! ¿Cómo es que – pregunto suavemente – ustedes son del Real Madrid, llevan puestas camisetas del Barça, vitorean al Barça y además vitorean al Man United?”  Me devuelven una mirada paternalista (lo más paternalista que se puede a los 10 años): “¡Oh! El Barça juega por España, así que los vitoreamos cuando marcan, pero no dejamos de ser del Madrid, de modo que si Man United marca al Barça, nos alegramos también y vitoreamos”.
¿Qué pasaría si nosotros, los adultos, adoptásemos la flexibilidad de los niños y asumiéramos creencias de manera contextual (y ecológica, claro), para generar una conciencia ampliada, un mayor disfrute de nuestras vidas, y una mirada más acorde a la consecución de aquello que deseamos crear en nuestras vidas, en armonía con el universo ?
Mucha Luz en tu camino. Y gracias por tu compañía.



[1] Halligan, P. (2007) – Belief and iones. The Psychologist, vol 20, Nº6:358


 Formación intensiva y presencial en Coaching Transformador, este verano en los meses de julio y agosto en Gran Canaria. Más información: coaching@limpkin.es

domingo, 13 de marzo de 2011

Preguntas transformadoras

¿Has pensado que si te hicieras la pregunta adecuada, tu vida podría dar un giro total? Mi abuela, una mujer enérgica y emprendedora, decía que en el camino de la vida “con sólo doblar una esquina toda tu vida podría cambiar al instante”. Si no lo crees así, piensa en una decisión singular que hayas tomado y en la manera en que ésta transformó tu vida, tus creencias, tu ocupación, e incluso el país donde vives actualmente. Esa fue tu esquina. Y hay más. ¿Por qué conformarse con una?

Según Tony Robbins, “las preguntas que nos hacemos determinan  la calidad de vida que llevamos”. En el proceso de coaching, el/la coach creará el entorno y ambiente adecuados para que su cliente pueda reflexionar acerca de su situación, y conectarse con sus opciones y su potencial. Muchas son las herramientas que utiliza un/una coach profesional en este proceso, y una de las herramientas más potentes que utiliza, son las preguntas. Piénsalo, una pregunta genera movimiento mental y, si es verdaderamente transformadora, generará la movilización de los recursos internos y externos de su cliente, e incluso movimiento hacia la acción.
 
¿Qué tipo de camino transitas en estos momentos de tu vida?
¿Es el mismo camino, una y otra vez?
¿Ofrece opciones tu camino?
¿Puedes doblar esquinas, girar, subir, bajar, y transformar así tu paisaje y tu manera de experimentar el mundo?
¿Lo transitas con curiosidad, descubriendo nuevos elementos, nuevas personas, nuevas experiencias, o lo transitas con aburrimiento y hastío, con la sensación de “siempre lo mismo”?
¿Transitas una variedad de caminos que permiten que te expandas y actives y compartas tus diferentes recursos, dones y talentos (hasta aquellos que ni sabías que existían dentro de ti)?
¿Qué caminos te gustaría transitar en esta nueva etapa de tu vida, además de, o en lugar de, el que transitas a diario?

Y la última en esta serie (¡quedan más!): El camino que transitas actualmente, ¿le habla a tu corazón, y al corazón de las personas que te rodean? ¿Qué responde tu corazón?

Hace unos meses llegó a mis manos un pequeño libro de Gay Hendricks, titulado Five Wishes (Cinco Deseos). En él, Hendricks relata un encuentro casual en una fiesta a la que, en un principio, no deseaba ir. Aburrido y con pocas ganas de hacer lo que en inglés llamamos “small talk” (conversaciones superficiales), iba pasando de invitado a invitado, cuando llegó a Ed quien, al igual que él, no disfrutaba de las fiestas, ni de las conversaciones inconsecuentes que en ellas surgían. De modo que acuerdan tener una conversación profunda. Después del momento inicial de indecisión (“Empieza tú”, “No, mejor empieza tú”), Ed le cuenta a Gay que había estado a punto de morirse (¡eso si que es una conversación profunda!), y que actualmente consideraba que era lo mejor que le había pasado porque en su lecho de muerte alguien le había hecho el regalo de una pregunta que había cambiado su vida.

Hendricks, que en ese momento de su vida transitaba una y otra vez el mismo y trillado camino, desea, ansioso, conocer esa misteriosa pregunta que a partir de entonces continúa influyendo en la vida de Ed. Este le pide que se imagine dentro de cincuenta, o más, años en su lecho de muerte y que, mirándole a los ojos, le hace tres preguntas. Ahora, te pido que te hagas tú las mismas preguntas.

PRIMERA PREGUNTA: ¿Fue tu vida un éxito rotundo? Si no lo fue, te estarás dando algunos motivos por los que no lo fue.

Por ejemplo,  “Mi vida no fue un éxito rotundo porque nunca me permití dedicarme a la música, que es lo que siempre anhelé en mi vida.” (Por lo visto, J.Paul Getty, que en su momento fue el hombre más rico del mundo, dijo en su lecho de muerte que felizmente hubiera renunciado a todos sus millones a cambio de una única experiencia de felicidad matrimonial – da qué pensar, ¿no?).

SEGUNDA PREGUNTA: ¿Qué te hubiera gustado que ocurriera para que tu vida fuera un éxito rotundo? Ahora convierte tu deseo en un resultado conseguido.
Por ejemplo,  “Mi vida es un éxito rotundo porque estoy disfrutando de mis talentos a través de la música, dedicando parte de mi tiempo libre a componer y a tocar música en grupo. Me deleito en ello y deleito a los demás”.

TERCERA PREGUNTA: ¿Cuál es un primer paso que vas a dar de inmediato que te va a acercar a ese resultado que acabas de mencionar?

El enfoque hacia la acción es fundamental en el proceso del coaching. Detalla el primer paso y los pasos subsiguientes, con fecha, y anota los pasos en tu agenda, comprometiéndote a comenzar “ya”.

Por ejemplo, AHORA: “Sacar mi guitarra acústica, limpiarla y cambiarle las cuerdas”. A DIARIO: “Practico 45 minutos de 20:00 a 20:45”. 14 abril: Llamar a Pablo y Julia e invitarles a formar un grupo.

Y así sucesivamente. El camino que exploras puede ser el de pareja, el laboral, el de salud, el del ocio, el de finanzas, o cualquier otro que sea importante para ti en estos momentos.

Trina Paulia relata la historia de una oruga, de nombre Amarilla que, al escuchar por primera vez la palabra mariposa, se emociona por dentro y pregunta: “Pero, ¿qué es una mariposa?”
Su compañera oruga, desde dentro de su capullo le responde: “Es lo que estás destinada a ser”. Amarilla, entre curiosa y desafiante le pregunta: “Cómo puedo creer que llevo una mariposa dentro cuando lo único que veo es un gusano peludo?”  Y añade: “¿Cómo se convierte una en mariposa?”    A lo que la oruga, desde su capullo le responde:
"Debes desear tanto volar que estás dispuesta a dejar de ser oruga".

Una última pregunta, en esta sesión de coaching transformador. Estás ante ese camino que anhelas transitar, lo tienes delante, puedes verlo, sentirlo, tocarlo, e incluso oírlo, porque le susurra dulcemente a tu corazón. Sólo te queda dar el paso. Un paso adelante solamente. ¿En quién necesitas convertirte para darlo?

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Qué es el coaching transformador?

¡Enhorabuena y gracias por llegar hasta aqui! Me pregunto qué te trajo... ¿La curiosidad? ¿Una necesidad? ¿Un anhelo, quizás? Sin duda algo interno que transformaste en movimiento y acción. Algo similar al proceso de coaching, solo que éste se realiza en compañía. Si te interesa ahondar en lo que es este mundo del coaching que tanto auge ha experimentado en los últimos años, este podría ser el lugar adecuado, ya seas coach profesional, aspirante a coach, o una persona en busca de mayores posibilidades.

Para empezar, encontrarás tantas definiciones del coaching como coaches existen en nuestro planeta, la mayoría con los siguientes denominadores comunes: orientación a metas y resultados, orientación al futuro, y orientación a las soluciones (en lugar de los problemas). Y bien pudieran ser estos los aspectos fundamentales del proceso del coaching, solo que, si nos fijamos, la orientación (valga la redundancia) de cada uno de estos denominadores definitorios parece ser hacia lo externo: metas, resultados, futuro y soluciones.

Hace algunos años, cuando vivía en Londres, se emitía en la televisión un anuncio para un reputado periódico británico. En el anuncio, de tintes gris-oscuros, se ve a un skinhead que, alejándose de un coche que avanza lentamente por la calzada, corre hacia un hombre de negocios quien, al verlo, reacciona con alarma y defensividad, interponiendo su maletín a modo de escudo para protegerse del inminente asalto.

El narrador, mientras tanto, comenta que un acontecimiento, visto desde una perspectiva, aporta una impresión, visto desde otra, aporta una impresión diferente. Pero sólo cuando tienes la perspectiva completa, puedes comprender completamente lo que ocurre. Y es entonces que la cámara, al cambiar de enfoque, nos permite recoger todos los elementos que no habíamos podido tener en cuenta antes: resulta que por encima del hombre de negocios, está cayendo una carga de sacos de mampostería, y el skinhead, abalanzándose sobre él para desviarle de la trayectoria de los escombros, se apresura a salvarlo de un terrible accidente.

Si te interesa verlo, aquí tienes el vínculo:
http://www.youtube.com/watch?v=M3bfO1rE7Yg&NR=1

El coaching, ¡aunque menos dramático!, es un poco como la situación descrita. Un/Una cliente viene con una situación (a veces conocida como "problema") que desea transformar. Cuando llega suele tener una mirada limitada sobre la situación. La labor del coach o de la coach consiste, al igual que hace la cámara en el anuncio, en ampliar dicha mirada, de modo que su cliente pueda contemplar más posibilidades, y ampliar sus opciones de actuación. Como oí decir a John Grinder (co-creador de la Programación Neurolingüística) hace unos años: "las opciones son el elixir de los dioses".

Entonces, sí, el coaching podría estar enfocado a lo externo: "quiero llegar de A a B". Es un tipo de coaching horizontal, y muy útil para la consecución de objetivos a corto plazo. Pero el coaching transformador va más allá de enfocar a una persona hacia una meta. El coaching transformador armoniza el mundo interior con el exterior para transformar y enriquecer la experiencia del cliente, a nivel sistémico, de modo que las opciones para llegar a B se amplíen, que llegue a contemplar otros caminos como opciones complementarias o alternativas, y que esta nueva mirada le dote de los recursos para, a la par y mediante la acción, impactar en otras áreas de su vida.