martes, 14 de febrero de 2012

I Jornada de Coaching 4.0 en Gran Canaria: Nuevos enfoques para el siglo XXI





Te invito a asistir a esta Jornada en la que participo como ponente, con otros cuatro compañeros profesionales del coaching. Descubre y experimenta el extraordinario potencial del coaching y su relevancia en este siglo. Infórmate en:
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jueves, 2 de febrero de 2012

El arte de terminar una relación con elegancia

Parece una contradicción en términos comenzar una serie de reflexiones acerca de las relaciones de pareja hablando de ruptura, pero empiezo por aquí porque deseo compartir una experiencia reciente en la que tuve el honor de  participar.

Finalizar una relación de pareja puede ser una de las experiencias más intensas, en todos los sentidos, que podemos experimentar; una experiencia que nos conecta con un amplio espectro de sentimientos, recelos, dudas y, sobre todo, miedos: miedo al abandono, miedo a la soledad, temor a no volver a experimentar lo mejor del amor que experimentamos con la persona de la que nos despedimos, temor a no volver a ser atractivo, duda de ser merecedora del amor.

Podría seguir. Los he experimentado todos en repetidas ocasiones, porque a lo largo de mi vida he vivido diferentes rupturas como procesos dolorosos. Pero también las he vivido como procesos sanadores, tal y como ocurrió con las personas cuya experiencia comparto a continuación.

Hace unas semanas recibí una llamada de una de mis clientes: ella y su pareja habían decidido finalizar su relación y ambas partes solicitaban mi apoyo para crear un cierre amoroso. Claro que la primera pregunta que puede suscitar esta petición es: ¿Un cierre amoroso? Pero, ¿no es una ruptura sinónimo de desamor? Y he aquí una de las creencias limitadoras acerca de las relaciones: "una relación se acaba cuando acaba el amor". O: "el amor ha de cesar al cesar la relación". Existen otras opciones, como veremos a continuación.

En cuanto terminamos de hablar, me conecté con estas dos personas y con el Amor existente entre ellas. El ritual ya había comenzado desde el momento en que ambas habían acordado crear ese encuentro-despedida. Había comenzado ya con la mera voluntad de hacerlo de forma amorosa. Esto es lo que Sergio Sinay llama "convertirnos en cartógrafos de nuestra vivencia amorosa compartida". Ninguna de las partes se convertía en víctima de la otra, sino que continuaban creando y transformando su relación desde el Amor, en equilibrio.

Me puse en acción de inmediato. Lo primero que sabía es que deseaba que el encuentro se realizara en la naturaleza, en un lugar hermoso, y relativamente privado. En preparación para el ritual, pedí a cada una de las partes que trajera alguna reflexión, lectura, e incluso objetos que desearan compartir. Convoqué el encuentro para un sábado por la tarde. Nos encontraríamos en un pueblo cercano al lugar indicado, que yo ya había ido a visitar y había preparado desde muy temprano ese sábado por la mañana, creando un simbólico mandala de piedra.

El encuentro-despedida fue una de las experiencias más hermosas que he vivido en los últimos años, y de la cual comparto algunos aspectos.

Crear un camino consciente.  Después de hacer un breve ejercicio de centramiento, realizamos el descenso en silencio, de manera consciente, relacionando lo que ocurría en el camino con nuestra manera de vivir y vivirnos en relación a otra persona: momentos de deleite en el paisaje (¡qué maravilla!), momentos de incertidumbre (¿adónde nos conducirá este camino?) y ansiedad (¿cuándo vamos a llegar?), el contraste entre el camino llano y fácil, y el sendero que debemos crear sobre terreno abrupto y por el que no hemos transitado antes, con todas sus incomodidades y obstáculos. Y, cómo no, los momentos de soledad en compañía, y los momentos de compañía en soledad. Así realizamos el descenso.

Presencia plena en el contexto. Al llegar nos deleitamos en el paisaje, en silencio, fuimos conectando con el entorno y con los elementos del lugar. Mantuvimos el silencio un buen rato. Sin anhelo, sin espera. Plenamente presentes en el momento y en el lugar. Sabíamos cuándo tocaría el siguiente paso, y no había prisa por acelerarlo.

Honrar la presencia de la otra persona. Después de tomar la palabra, invité a ambas partes a expresar lo que desearan acerca de la elección que habían tomado de transformar la forma de la relación.

La primera persona leyó un hermosísimo texto que había escrito. Un texto lleno de ternura y de agradecimiento a su pareja, honrando con conciencia lo que había aprendido de ella, lo que le había aportado e incluso lo que iba a echar de menos de ella. Fueron palabras profundamente conmovedoras que resonaron y que nos conectaron con la universalidad de toda relación.

La segunda persona abrió El libro tibetano de la vida y la muerte, y leyó un texto acerca de cómo afrontar los cambios desde el desapego, y que reproduzco a continuación. Antes de comenzar, nos pidió que tomáramos una piedra en la mano, lo cual puedes hacer tú también ahora, para que lo vivas como lo vivimos allí (puedes hacerlo con un pequeño objeto como un anillo o algo similar):

Coge una piedra. Imagínate que representa el objeto [la persona] al que te aferras. Enciérrala en el puño bien apretado y extiende el brazo con la palma de la mano hacia el suelo. Si ahora abres el puño o aflojas tu presa, perderás aquello a lo que te aferras. Por eso estás apretando. Pero hay otra posibilidad: puedes desprenderte y aun así conservarla. Con el brazo todavía extendido, vuelve la mano hacia arriba de forma que la palma quede hacia el cielo. Abre la mano y la piedra seguirá reposando sobre la palma abierta. Has dejado de aferrarte. Y la piedra sigue siendo tuya, aun con todo ese espacio que la rodea.
Así pues, existe un modo en que podemos aceptar la impermanencia sin dejar de disfrutar de la vida, todo al mismo tiempo, sin aferrarnos".

Estuvimos varios minutos en silencio, sonrientes, respirando. Y, después de unos pasos adicionales más en nuestro pequeño ritual, concluimos, y el compromiso para la transformación de la relación quedó sellado con un espléndido atardecer, con abrazos y corazones plenos de amor, y con un espontáneo intercambio de pequeños obsequios que habíamos traído para compartir, sin saber que las otras dos partes harían lo mismo.

No obstante, el don más duradero, y que permanecerá en mí para siempre, es esa profunda conexión con nuestra Sabiduría Interna, que sabe que las formas de una relación cambian continuamente, pero que a un nivel que va más allá de lo físico, jamás dejamos de relacionarnos con las personas que han sido importantes en nuestras vidas.

Quiero agradecer a estas dos personas, la lección profunda de Amor que recibí de ellas, el permiso para reproducir parte de esa ceremonia aquí, para ustedes, y el que, un vez más, mis maestros y maestras se me presenten en forma de clientes y amigos. De Corazón y con profundo Amor: GRACIAS.

Gracias por tu Compañía. Y mucha, mucha Luz en tu Camino.

Los seres humanos, más que nunca, necesitamos más modelos de creatividad en las relaciones, en el Amor. ¿Tienes alguna experiencia que deseas compartir? Puedes hacerlo aquí...

viernes, 30 de diciembre de 2011

A los héroes y heroínas del 2012

Prácticamente todos los días, desde la aparición de la web en mi vida, recibo un sinfín de correos, powerpoints, películas y artículos sobre grandes héroes y heroínas, personas que han realizado acciones descomunales, que han creado imperios y emporios, que han salvado parte de la humanidad o que han creado corrientes y artefactos que impactan en nuestras rutinas diarias. Héroes y heroínas merecedores de nuestra admiración, claro, pero inasequibles, desconocidos y lejanos. Seres bidimensionales que apreciamos en imágenes, ya sean quietas o en movimiento.

Desde tiempos remotos, a los seres humanos nos han encantado los héroes y heroínas, esos personajes que hacen lo difícil o imposible y que nos inspiran a hacer lo mismo. Quizás también representan para nosotros el anhelo secreto a ser rescatados de nuestras dificultades por una fuerza mayor, sin tener que arriesgarnos a perder nada, pues “ellos” no sólo saben lo que hacer, sino cómo hacerlo también. Pero es precisamente esta esperanza casi ciega en las acciones de alguien fuera de mí que tiene las respuestas, lo que nos ha conducido a esta crisis mundial que estamos experimentando.

Estas navidades viajé a pasar unos días en compañía de mi familia británica. Entre preparativos, visitas, juegos y celebraciones, los días transcurrieron en una especie de trajín armónico, con diversos trasfondos de conversaciones serias y otras más cómicas y superficiales. Participando activamente en estas interacciones con miembros de la familia y algún amigo o amiga que se sumó a las celebraciones, pude constatar una vez más cómo en este grupo de personas se manifiestan un sinfín de virtudes, cualidades y destrezas (sombras también, claro) que me sirven de referente, especialmente para áreas o tendencias de mi vida en los que necesito más refuerzo.

El desprendimiento y la generosidad  de una (que por cierto hay que tener cuidado con lo que le dices, pues si le dices “¡qué bonita falda llevas!”, se la quita y te la da - ¡verídico!), la tolerancia de otro, la ecuanimidad de la otra, la intuición de aquella, la capacidad organizadora y de liderazgo de esta, la entrega y lealtad de aquel, todo ello en un reducido espacio familiar, y contenido en personas con cara, nombre, e historias de vida, algunas de ellas espeluznantes e inspiradoras, de forma que no necesito ir a internet para encontrar héroes y heroinas cercanos que me inspiren, porque están al alcance de mi mano, de mi vista y, por encima de todo, de mi corazón.

Fue durante esta estancia que decidí subir al desván, donde están almacenados algunos de nuestros “tesoros” personales (fotos, libros, cartas) y donde encontré un libro de poemas por el poeta americano William Stafford. Hojeando el libro, en medio del desván, mi vista se posó sobre un breve poema titulado “Allegiances” (“Lealtades”) cuyo pimer verso, traducido, dice: “Es hora de que todos los héroes se vayan a casa”.

Sentada en la penumbra, entre cajas y paquetes y con un frío que pelaba (es la única zona de la casa que carece de calefacción), volví a pensar, agradecida y enternecida, en las personas de carne y hueso de mi entorno personal y profesional que me han brindado inspiración, apoyo, amistad, solidaridad, consuelo, alegría, e incluso bienes materiales, que me han abierto caminos y que abren caminos que otras personas ajenas a ellos transitarán…

Y también pensé en esas personas en las que ponemos nuestras esperanzas, a las que dotamos de responsabilidad y poder para que resuelvan los problemas que hemos creado entre todos y todas, los que tienen una visión de futuro a menudo excluyente, en lugar de integradora, y releí el verso: “Es hora de que todos los héroes se vayan a casa”.

Porque esta crisis que nos aflige de cerca y de lejos, y de la que nos quejamos a diario, abre las puertas a una nueva especie de héroe que no son ni nuestros políticos, ni nuestros dirigentes ni, por muy admirados, nuestros líderes espirituales. Esta nueva estirpe de héroe y heroína está aquí ahora mismo, escribiendo y leyendo estas líneas. Son los héroes y heroínas que necesitan salir de sus casas. Somos tú y yo.

Mi visión para el 2012, y me arriesgo a compartirla, es crear comunidad. Creo que estamos llamados a solidarizarnos. La solidaridad, la visión comunitaria, el anhelo de pertenencia hicieron caer los muros de piedra en la década de los ochenta, y lo están haciendo de nuevo con los muros virtuales de nuestra visión limitada y limitadora (el 15M es un ejemplo de ello), creando nuevas tendencias, nuevas economías sostenibles y nuevas formas de trabajar y de expresar nuestros talentos. De hecho ¡ya está ocurriendo! En mi propio entorno veo personas que están creando nuevas ocupaciones (que aún no tienen nombres formales), clientes y amigos que abandonan (¡sí!, has leído bien) trabajos "seguros" y bien remunerados para manifestar la expresión de su Alma, como decía una cliente.

¿Y cómo contribuir a la transformación comunitaria? Potenciando las relaciones. Todo lo que existe en nuestro planeta, por no decir el universo, existe por la interacción de dos o más seres u organismos. Todo está en relación. Tú y yo nos necesitamos, somos interdependientes. Y a la vez estamos interconectados con otros seres vivientes. Potenciemos nuestra mutua presencia, nuestras experiencias, nuestras virtudes y nuestros talentos. Debatamos de manera ética en mesas redondas cómo podemos transformar esta situación, aprendiendo de ella, y actuemos en conjunto. Creemos un nuevo tipo de liderazgo resiliente basado en la colaboración, potenciando así lo mejor de nosotros y de nuestros entornos. Aunque no veamos el resultado inmediato, las generaciones venideras se beneficiarán de nuestras acciones. ¡Feliz 2012!
 

martes, 13 de septiembre de 2011

Libro recomendado: Coaching para Milagros® de Raimon Samsó

 Una vez más vuelvo a confirmar algo que decía uno de mis grandes maestros-coaches, John Grinder, y es que si deseas formarte o trabajar con un/una gran coach, más que cualquier otra cosa, comprueba su congruencia. He leído varios libros de Raimon Samsó, y he experimentado su presencia en sus conferencias y talleres: lo comprobé entonces y lo vuelvo a comprobar: supera la prueba de manera exquisita.

Cuando oí este verano que Raimon publicaría un libro titulado Coaching para Milagros®, supe que prometía y me propuse adquirirlo en cuanto saliera a la venta. Acabo de terminar su lectura y deseaba compartir con ustedes algunas de mis impresiones acerca del mismo.

El libro, publicado como e-book en formato pdf y listo para descargar (y, por lo tanto muy económico), fue escrito según el mismo Samsó, con el fin de “reivindicar el maridaje entre conciencia y dinero” (http://coachingparamilagros.info/), ¡y llenar nuestros corazones de satisfacción!

El libro  está dividido en dos partes bien diferenciadas y complementarias, un orden inteligentemente invertido previo a su publicacion, y cuya inversión explica el autor, no sin cierta picardía. La primera parte está dedicada al aspecto “hacer” (acción externa), y la segunda al aspecto “ser” (acción interna) de las profesiones de coach y otras relacionadas.

En la primera parte, Raimon describe cómo cada cliente se convierte en un reflejo de su coach, de todas sus congruencias e incongruencias (incluyendo su manera de establecer los honorarios), y advierte que sólo amándoles podremos disfrutar de esta profesión. Tomemos nota: la mejor manera de mejorar como coaches, es precisamente relacionándonos con nuestros clientes desde el amor incondicional… 

Muchos coaches emergen de su formación sin el know-how que les permita darse a conocer y “atraer” clientes. De modo que una persona podría ser una magnífica profesional del coaching, pero encontrarse sin clientes simplemente porque no sabe cómo hacerse visible en el mercado.

En esta primera parte sobre el aspecto hacer del coaching, Raimon nos toma de la mano y con su característica generosidad nos desvela estrategias para ser visibles en el mercado, crear fuentes de ingresos pasivos, convertirnos en la referencia como coaches, crear productos irresistibles y ganar credibilidad.  ¡Difícil no prosperar después de aplicar toda la información que ofrece!

Y dado que nuestras vidas son el resultado de las decisiones y acciones que tomamos, nos anima a que decidamos ser 100% visibles y que demos nosotros los pasos recomendados para serlo, en lugar de esperar a que nuestros clientes se materialicen por el mero hecho de encargar unas tarjetas de visita.

En definitiva y estés en la profesión en la que estés, si deseas prosperar, Raimon te insta a la acción y además te dice cómo

Hace muchos años, en la época de los ochenta, descubrí un sistema-camino para conectar con la Sabiduría Interna que llevamos dentro y que es patrimonio de todo ser humano. El sistema viene detallado en un libro llamado Un Curso en Milagros. Me he deleitado al comprobar que Samsó basa la propuesta de la segunda parte de su libro, en ese sistema-camino, propuesta a la que llama “coaching para milagros”, pero que es aplicable a cualquier persona que realmente desee convertirse en profesional de milagros, y no sólo a coaches.

Y ¿cuál es ese milagro? Raimon lo explica con detalle en su libro, pero en resumidas cuentas, consiste en despertar a nuestros clientes de su error en la percepción de sus situaciones indeseadas. Y para lograrlo, quien debe despertar primero es la/el propio coach.  Y eso se logra desde el ser y no desde el hacer.

Coaching para Milagros® desbanca la falacia, tan extendida en esta profesión, de orientar imperiosamente al hacer, hacer, hacer. A través de su obra Raimon nos devuelve a la posición del ser, a la percepción de un nuevo yo, al que podemos acceder en un simple instante, simplemente con un cambio de mirada.  Y es porque desde el ser activamos el proceso de crear milagros en nuestras vidas, aunque el hacer sea importante para poder trabajar con nuestros talentos y crear más talentos. Y ambos son perfectamente compatibles e incluyentes.

Gracias por la oportunidad de aprender de ti, Raimon, y que sigas creando Milagros.

Mucha Luz en tu Camino. Y gracias por tu compañía.

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Raimón estará este fin de semana en Tenerife impartiendo el seminario "Vivir sin Jefe" junto con Sergio Fernández. Para más información/inscripciones, contacta con juanategil@gmail.com


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Formación intensiva en  Coaching Transformador: Las Palmas, 26 sep - 21 oct 2011. Plazas muy limitadas.  Info:   http://es.scribd.com/doc/63972982/Formacion-Coaching-Transformador



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lunes, 5 de septiembre de 2011

Todo llega: navegar por las transiciones


La casa del corazón dejé en ruinas con mis manos.
Y supe que en las ruinas el tesoro está.
Rumi (poeta místico persa, s. XIII)

Recientemente uno de mis clientes, que está viviendo una transición importante en un área de su vida, se quejaba de que a pesar de poner todo de su parte para impulsar el cambio hacia lo nuevo y mejor, las cosas no parecían salir. “¡Parece como que nunca llego!" se quejaba. Cierto es que había dado pasos pequeños, grandes, y algunos de ellos, gigantescos y retadores para él, y la evidencia de los resultados parecía ser lenta. Reflexionando acerca de esta situación y de otras similares que he vivido en mi propia vida en las que, aparentemente, he puesto todo lo que he sabido de mi parte, y he recibido un aparente silencio inicial por respuesta de mi universo, recordé una anécdota  que comparto con ustedes ahora.

Hace muchos años, en mi época de universitaria en Londres, una de mis compañeras de carrera me invitó a compartir un almuerzo navideño con su familia, una singular mezcla de italiana, irlandesa e inglesa. Recuerdo en esa comida que el tradicional Christmas pudding[1], postre que tiene su origen en la Inglaterra medieval, fue el mejor que había probado en toda mi vida. “¡Qué maravilla de Christmas pudding!”, comenté mientras me deleitaba en todos los aromas, sabores y texturas que recogía mi paladar. Cuando concluyó ese inolvidable almuerzo horas más tarde, me aventuré a pedirle la receta, y digo me aventuré porque es un tema delicado. Algunas de las recetas de Christmas pudding han ido pasando de generación en generación y no se comparten con extraños. Ella me llevó a la despensa y extrajo de un oscuro rincón una antigua lata de galletas. La abrió, y allí vi, envuelto en un paño de lino, su tesoro. En la tapa de la lata, por fuera, estaba anotada la receta, con la fecha de elaboración del Christmas pudding que sostenía en sus manos. Me quedé boquiabierta al comprobar que la había elaborado en enero (estábamos a diciembre). ¡El pudding había estado macerándose todo un año!

Christmas pudding

Una de las paradojas más inquietantes que nos toca vivir por el mero hecho de habitar este planeta, son las etapas de transición. Toda nuestra vida está recogida en una transición, que transcurre desde que nacemos hasta que morimos, y ese mismo espacio es escenario de múltiples transiciones. Cada día, cada hora y cada minuto que pasan son transiciones a otro momento, la vida es un entramado de comienzos y finales, con muchos entremedios.

Lo fascinante de esto es que nuestra atención se centra sobre todo en los extremos de las transiciones: en los finales (y toda transición, paradójicamente, comienza por un final), porque la sensación de pérdida y el apego “a lo que era y ya no es” nos conecta con la tristeza, la confusión y la incertidumbre; y en los principios porque son exhilarantes y nos conectan con el optimismo y la emoción de lo nuevo. Pero existe otra área importante que necesitamos habitar en cualquier período de transición que es esa etapa intermedia, esa zona neutral, donde poco parece suceder. Y esta etapa es determinante, pero la menos apreciada en el proceso porque no parece estar ocurriendo mucho en ella, por más que hagamos.

Las antiguas sociedades tribales se cuidaban mucho de educar a sus integrantes en estos períodos "entremedios". El antropólogo Arnold van Gennep, que fue quien acuñó el término “rito de paso” describe cómo en determinadas ceremonias se separaba al inidividuo del grupo, y se le aislaba para que viviera una muerte simbólica, por ejemplo se le enviaba al desierto o a habitar alguna zona inhóspita (los aborígenes australianos en su walkabout enviaban al adolescente a vivir 6 meses solo en terreno salvaje) y, pasado el período de aislamiento y una vez integrados los cambios, se le rehabilitaba y reinsertaba en el grupo.

En nuestra sociedad, desafortunadamente, estos importantes períodos de contemplación, se consideran vacíos porque los vivimos desde la óptica de la carencia, de la ausencia de algo, y por ello terminamos  abandonando o sustituyendo proyectos, planes de futuro, parejas y libros a medio escribir, porque los resultados no son inmediatamente visibles.

Por otra parte, en esta misma zona neutral donde nada parece suceder en el plano físico, algunas personas notan cómo surge en ellas un anhelo por aislarse unos días, irse a una casa de campo prestada, irse de retiro o incluso separarse temporal o definitivamente del círculo de amistades asociadas a una etapa obsoleta de sus vidas. Este, al igual que el embarazo, es un período de gestación, absolutamente necesario para que emerja el ser de esta nueva etapa, completo, congruente y con un nuevo sentido de propósito en la vida. Es importantísimo, si aún anhelamos esa transformación, no abandonar y mantenernos en la espera activa.

De modo que si estás en esa zona neutral, en este momento, con la sensación de haber movido todas las fichas que has de mover, quizás sea momento de permitirte vivir plenamente ese período intermedio, para que, como dice Rumi en su poema, surja de las ruinas el Tesoro anhelado. En resumidas cuentas:
1.   No tengas prisa. Aprovecha para disfrutar de lo aparentemente insignificante: el canto de un pájaro, la elaboración de un plato, el trayecto matutino.
2.   Acepta la incomodidad. Sé consciente de que no siempre entenderás todo lo ocurrido, ni que recibirás respuestas claras y contundentes a tus preguntas. Todo período de aprendizaje va precedido de un período de confusión.
3.   Utiliza este período de gestación para deleitarte en ti, a la vez que sigues dando los pasos necesarios para crear lo nuevo.
Es en este mismo espacio donde, al igual que el Christmas pudding de Verónica, irán macerando todos esos deliciosos ingredientes que hemos ido añadiendo a nuestros proyectos, a nuestras relaciones, a nuestros sueños. ¿Para qué? Para que emerja el ser que nos permitirá encaminarnos y atraer aquello que más vibre con nuestra energía y nuestros valores actualizados. Fue en ese mismo pudding macerado en el que, por vez primera, encontré una moneda de oro macizo, augurio de fortuna para el nuevo año que comenzaba.

Mucha Luz en tu camino. Y gracias por tu compañía.


[1] Postre navideño, de origen británico, que consiste en una elaboración compuesta de frutos secos, melazas, azúcares, zumos de fruta y brandy, entre otras cosas. Tradicionalmente a uno de los comensales le tocará encontrar una moneda oculta en el mismo, signo de fortuna para el año venidero.


Formación intensiva en  Coaching Transformador: Las Palmas, 26 sep - 21 oct 2011. Plazas muy limitadas.     Info:

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sábado, 27 de agosto de 2011

El deleite del error

Piensa en un anhelo que tengas. Sí, ese. Ahora piensa en uno que siempre hayas tenido y que aún no te has atrevido a realizar. Podría ser ese mismo. Bien. ¿Qué te está impidiendo realizarlo? Son muchos los nombres que le ponemos a los impedimentos, esa “cosa” despersonalizada que no es nosotros, sino algo contra lo que luchamos y que nos mantiene apartados de nuestro sueño.

Uno de los obstáculos más frecuentes que escucho en mi práctica de coach, y la causa de la distancia entre una meta y la persona que la anhela es la respuesta que esta se da a las siguientes preguntas ¿Y qué pasa si me equivoco? ¿Y si luego no es la decisión correcta? De esta manera, el mero temor a cometer un error, también conocido como “fracasar”, es suficiente como para no decidirse a dar un paso que lleve a una mejor forma de vida, a una experiencia enriquecedora, o a desarrollar talentos con beneficios insospechados para uno mismo y para los demás.

Kathryn Schulz, autora de Being Wrong (“Equivocarse”), comenta que uno de los mayores deleites del ser humano radica en tener razón. Además, si lo piensas, un aspecto esencial de nuestra supervivencia se basa precisamente  en nuestra capacidad de predecir, de sacar conclusiones correctas acerca del mundo que nos rodea, y de detectar amenazas, a modo de autoprotección.

El problema está en que si consideramos el tener siempre razón como nuestro estado natural y deseable, ¿qué ocurre cuando nos equivocamos? Nuestra relación con el error nos saca de nuestra zona de confort, evocando en nosotros todo tipo de sensaciones que nos conectan con nuestra propia vulnerabilidad. Pero, ¿acaso no es en algunos de esos momentos de mayor vulnerabilidad donde más acelerado es nuestro aprendizaje, nuestro crecimiento y, me atrevo a aventurar, en ocasiones, nuestro deleite? Y aquí no me estoy refiriendo a errores del ámbito médico o de la aviación, sino a esos errores que surgen al trazar un plan que se sale de lo habitual y nos invita a explorar nuevas posibilidades de actuación. De hecho, el libro de Schulz tiene por subtítulo el sugerente “Aventuras en el margen del error”. Y es que algunos errores nos llevan precisamente por el camino de la aventura. Si no fuera por un "error", ¿dónde estarían ahora los pañuelos de papel, la penicilina, las notitas Post-It, los cornflakes, las patatas fritas (las de paquete), o los rayos X?

Te animo a que escojas un error que hayas cometido en alguna iniciativa que tuviste en tu vida. Considera lo siguiente:

 (1) Imagina hablando con tu nieto/nieta en años venideros, ¿qué les dirías que tuvieran en cuenta, para evitar cometer el mismo error?
(2) Si el error ocultara 3 dones, regalos o talentos a desarrollar en el momento actual (para ti), ¿cuáles serían?
(3) Si aún te cuesta aceptarlo, ¿qué pasaría si eligieras ver aquel error desde un punto de vista nuevo y fresco?

En una ocasión, un periodista entrevistaba al presidente de una conocida entidad financiera:

-“¿Podría desvelarnos el secreto de su éxito?” – preguntó el reportero.
-“Dos palabras”
-“Y, ¿cuáles son?”
-“Decisiones correctas”
-“Y, ¿cómo toma usted decisiones correctas?”
-“Una palabra”
-“¿La podría compartir con nosotros?”
-“Experiencia”
-“Y ¿cómo adquiere usted experiencia?”
-“Dos palabras”
-¿Cuáles son?
-“Decisiones incorrectas”

Regresemos a ese anhelo que comentábamos al principio, y considera: 

 (1) Cuando otras personas temen realizar sus sueños, ¿qué les dices? Utiliza esas mismas palabras y esa voz contigo, ¿qué ocurre?
(2) ¿Qué ganas al no llevarlo a cabo? ¿Prefieres eso al anhelo hecho realidad?
(3) Y, finalmente, ¿qué te ha permitido "lanzarte" en otras ocasiones?

Dice R. Kiyosaki de los errores: “Estúdialos, aprende y saca provecho de ellos”. Que el miedo a cometerlos en el futuro imaginado sea mero consejero y no un obstáculo para la realización de tus anhelos.

Mucha Luz en tu camino. Y gracias por tu compañía.

lunes, 15 de agosto de 2011

Profundas gracias


Comienzo a reactivar el Blog, después de un período de intensa actividad profesional. Desde aquí quiero dar las gracias a todas las personas con las que he compartido camino estos últimos meses, agradecimiento que incluye a mis clientes de coaching, a las personas del ámbito profesional con las que me he relacionado en mis cursos de formación, con los padres y madres, y sus hijos, en los talleres, y con las personas que han confiado en mí para invitarme a formar, temporalmente, parte de su plantilla.

En especial, y por lo intenso de la duración y del camino, al grupo de participantes del Máster en Inteligencia Emocional para el Desarrollo Profesional. Han sido meses y meses de asistencia diaria tras una larga jornada laboral, en los que, junto con Sergio Cutié, hemos compartido en ese espacio arropador anhelos, inquietudes, dudas, experiencias muy, muy personales, y cómo no, muchas ambrosías ;-))… ¡Ah! y el potaje, los refrescos, los churros con chocolate, y las pizzas de la última etapa, de los cuales nos hicieron partícipes las vecinas y pequeños comerciantes de la zona. Enhorabuena a todos y todas por participar plenamente en la experiencia y por el nivel de compromiso que tienen para con su propio progreso y desarrollo, hasta tal punto que algunos incluso han cambiado de profesión, y otros han comenzado a dar los pasos hacia la congruencia con sus propios talentos. Ha sido un verdadero honor. Me inclino ante ustedes con humildad y profundo agradecimiento.

Por último, otra mención especial a un grupo de catorce Coaches Transformadores que finalizaron el pasado viernes una de las formaciones más intensas que he facilitado, y en la que desarrollaron las destrezas necesarias para convertirse en Coaches Profesionales, con prácticas constantes, capaces de activar talentos, dones, creatividad y, en definitiva, lo ejemplar de cada ser humano con quienes realizan sus acompañamientos. Este ha sido verdadero viaje de héroe con heroínas, en el que ustedes han protagonizado la aventura de enfrentarse con Dragones a los que finalmente han convertido en aliados, y han profundizado la alianza con los Guardianes y Guardianas del entorno, convirtiéndose ustedes en Guardianes Ejemplares y custodios del Tesoro que cada ser humano ha venido aquí a potenciar y compartir.
Incluyo a continuación el testimonio de una de las participantes:


Un vez más, me inclino ante ustedes con humildad y profundo agradecimiento, consciente de que mi propio Tesoro brilla porque refleja la Luz que emana de cada uno/una de ustedes.

Mucha Luz en vuestro camino. Y gracias por vuestra compañía.