El chef Narayanan Krishnan cuenta cómo decidió dedicar su vida a cuidar de los más pobres y vulnerables en la India. La comida nutre el cuerpo y el amor que damos nutre el corazón. ¿Cuál es el sentido de la vida, si no es compartir?
El coaching transformador consiste en armonizar la acción interna con la accion externa, y no solamente en la definición y consecución de metas y objetivos.
domingo, 21 de abril de 2013
Amor y generosidad
El chef Narayanan Krishnan cuenta cómo decidió dedicar su vida a cuidar de los más pobres y vulnerables en la India. La comida nutre el cuerpo y el amor que damos nutre el corazón. ¿Cuál es el sentido de la vida, si no es compartir?
jueves, 14 de febrero de 2013
La epidemia de la obediencia
Una de las preguntas más frecuentes que escucho después de contestar a qué me dedico es "¿Qué es eso de coach?" Este fin de semana, en un evento y rodeada de varias personas, alguien me volvió a hacer la misma pregunta, "Bueno, pero ¿qué hace realmente una coach?".
Leyendo los periódicos del día de varios países, tomo cada vez más conciencia de algo preocupante para nosotros como comunidad de humanos: estamos viviendo una verdadera epidemia de obediencia en nuestras organizaciones escolares, laborales, políticas, y sociales (esta última incluye a la familia). Y no me refiero tanto a la obediencia en cuanto a nuestras acciones externas, sino a la del movimiento interno, del pensamiento.
Para empezar, raramente fomentamos el libre desarrollo del pensamiento en nuestros niños y niñas, quienes asisten a la escuela a ser "instruidos" en el pensamiento ajeno. Y cuando se desmarcan de lo establecido (tanto en casa como fuera) les tachamos de irrespetuosos, rebeldes e impertinentes. Cuando, en mi trabajo con personas jóvenes pregunto "Pero, ¿y tú qué piensas?", me hablan con pensamiento prestado o se turban, hay una confusión inicial hasta que entre ambos generamos el entorno en el que puedan pensar por sí mismos con plena aceptación, y adquirir mayor claridad y conciencia de su situación. Esto les permite mejorar espontáneamente sus acciones y sus conductas, sin el estrés de atenerse a estrategias y pautas marcadas por mí como "agente-externo-sabelotodo". ¿Qué mejor legado que confiar en la Sabiduría Interna e Innata de nuestras personas jóvenes?
Más adelante, en nuestro quehacer profesional, sucede algo similar. Aunque me las he encontrado, son pocas las organizaciones que fomentan la aportación de ideas por parte de sus "recursos" humanos. Hay organizaciones que incluso sabotean el pensamiento individual, ignorando ideas geniales que permitirían el progreso, la transformación y el avance de las mismas, por el mero hecho de ser un pensamiento individual que no surgió de la punta superior de una pirámide. En un curso de formación reciente que di a un grupo de gestores, uno de ellos preguntaba, con profundo acierto, "¿Por qué nosotros aprendemos de nuestros líderes, pero ellos no quieren aprender de nosotros?" Estos gestores tenían claves importantes para el cambio en su organización, claves para transformar una situación de crisis en una situación de progreso y de evolución positiva pero, claro, pensar por sí mismos era un acto de transgresión hacia la cúpula.
Y así sucesivamente, no importa el entorno. ¡Cuantás veces he escuchado a mis clientes decir "Es que mi jefe me dice que...", "Es que mi psicóloga me dice que ...", "Es que mi pareja me dice ..." Y yo pregunto "¿Y tú, qué piensas?" Porque, por muy buenas intenciones que tengamos, por muy decididas nuestras acciones, por muy arriesgados los pasos que demos, estos sólo serán tan buenos como la calidad del pensamiento que los preceda. Para mejorar la calidad de nuestras acciones y de nuestros resultados, necesitamos optimizar nuestra capacidad de pensar.
Pensar por nosotros mismos es un acto infrecuente, por mucho que creamos lo contrario, y eso que es precisamente del pensamiento atípico de donde viene todo progreso. La crisis a la que nos enfrentamos hoy no es realmente una crisis política o financiera, es una crisis de pensamiento, de obediencia a un pensamiento ajeno que dice que lo correcto es pensar y hacer como la mayoría, que lo correcto es tener tu propia casa e hipotecarte hasta los huesos, cuando estarías más libre viviendo de alquiler, que lo correcto es tener un trabajo por cuenta ajena o unirte a las filas del funcionariado, cuando tú tienes un ingenio especial e ideas ingeniosas que, puestas al servicio de otras personas, te permitirían desarrollarte como profesional libre y autónomo y por fin disfrutar de tu quehacer profesional, que lo correcto es tener tu propio coche, cuando podrías perfectamente disfrutar del transporte poúblico y alquilar un coche cuando verdaderamente lo necesitaras, que lo correcto es medicar a tu hijo o hija por hiperactividad, cuando lo que necesitan es otro tipo de atención familiar y escolar... y así sucesivamente.
Finalmente respondí a la pregunta. "Ayudo a personas en sus diferentes entornos a pensar por sí mismas", dije. Y ese es mi cometido como miembro de la comunidad humana. Invierto pirámides, para que el ápice de autoridad resida en la persona que tengo delante, para que el miedo deje de restringir su capacidad innata para pensar por sí misma, y para que genere respuestas a sus problemas que surjan de su Sabiduría Interna. En esta sociedad, mayoritariamente obediente y servil, es hora de confiar en nuestra infinita capacidad de generar nuestro propio pensamiento.
Gracias por tu Compañía.
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lunes, 28 de enero de 2013
Un consejo sobre el que meditar. O la verdadera negatividad que ahuyenta la felicidad.
Acabo de recibir por correo una frase muy elogiada: “Una vez que aprendas a ser feliz no tolerarás estar con nadie que te haga sentir diferente”. Esta no es más que una de muchas referencias a la importancia de evitar a aquellas personas que nos “hacen” sentir mal, de separarnos de personas “tóxicas” y de no implicarnos con quienes no compartan nuestra capacidad para pensar en positivo.
El problema con este tipo de pensamiento es que apunta a que nuestra experiencia se crea de fuera hacia dentro, es decir, se basa en la superstición de que la presencia de alguien "negativo", nos contagiará y nos desconectará de esa felicidad tan esquiva y frágil, cuando verdaderamente TODAS nuestras experiencias (no las circunstancias) se crean de dentro hacia fuera. Si nuestra felicidad depende de las personas de las que nos rodeamos, estamos afirmando que esta se crea desde el exterior, por lo que también dependeremos siempre de alguna circunstancia externa para experimentarla.
Hace tiempo tuve la experiencia de una pérdida espontánea del primer embarazo. Esta pérdida estaba a años luz de mis anhelos y expectativas en aquel momento, y sin darme cuenta, me fui dejando llevar por mi propia resistencia al acontecimiento hacia un estado de desconexión de las personas cercanas y de mis entornos.
Mi manera de vivir esa circunstancia estaba ahora dirigida por mis pensamientos oscuros. Me resistía a pasar tiempo con mis amistades habituales, y cuando lo hacía estaba ensombrecida. Incluso continuar con mi trabajo, que tanto he amado siempre, era como navegar contra corriente en una barcaza de un solo remo. Y algo más. Recuerdo claramente que mi conciencia lo veía todo, literalmente, a través de una gran cortina de lágrimas que me separaba del mundo.
Sin darme cuenta me había convertido en una nube gris y pensaba que sólo era capaz de proyectar sombras, ¡ahora era una de esas "personas negativas"! Pero mi vida o la Vida o mi suerte, no sé cómo calificarlo, quisieron que viviera una gran "bendición" en esos momentos. Amigos con los que solía pasear o tomar té, y que ahora no sabían qué decir, me acompañaban, silenciosamente. La mayoría no se alejó de la nube gris. Recuerdo una amiga en particular que me abrazaba en arranques de inmensa ternura, otra que había vivido algo similar y empatizaba profundamente conmigo, sin molestarles a ninguno de ellos mi negatividad. Mis adorables hermanas, mi madre, todas se volcaron desde muy lejos, hablando conmigo, escribiéndome, enviándome artículos, libros, enlaces que me ayudaran a superar el trauma pasado y que mis pensamientos insistían en acarrear a todas partes conmigo en el presente.
Finalmente decidí que necesitaba alejarme una temporada de mi entorno habitual, y viajé a Inglaterra. Recuerdo ir de visita a diferentes familiares, y jamás nadie huyó de la nube gris. Todo lo que recibí fue ternura, consuelo y ausencia de juicio ante mi estado de negatividad. Una de mis hermanas me presentó a una mujer que había vivido una doble mastectomía, una de las mujeres más hermosas que he conocido por dentro y por fuera, y que tampoco huyó de la nube gris. Todo lo contrario, me contó historias mágicas sobre la vida, la pérdida y lo hermoso del ser humano en todas sus facetas. Me habló de nubes grises, y ambas las miramos y pudimos ver belleza en ellas. Empezaba a sonreír.
El punto de inflexión final llegó cuando, estando de visita con una amiga en Londres, y relatándole serenamente la experiencia que había tenido en el hospital, comenzó a llorar. Ella no tenía hijos, no había tenido una experiencia similar, pero se conectó de tal manera con mi vivencia que creo que lloró por mí las lágrimas que quedaban por derramar en la nube gris. Yo la miraba atónita. Lo más curioso de todo es que en el instante en que ella lloró, vi cómo aquella cortina de lágrimas que me impedía ver la vida en color se disipaba y desaparecía para siempre.
Concluyo por tanto con dos breves reflexiones. La primera es que creamos nuestras experiencias acerca de las circunstancias de dentro hacia fuera. Años atrás, conocí a una bióloga que perdió un embarazo. Era una mujer muy práctica. Cuando me acerqué a ella para saber cómo se encontraba, me dijo con naturalidad y sonriente: "La naturaleza ha hecho una buena limpieza. No tenía que ser". Y punto. ¡Qué manera tan diferente de experimentar la misma situación!
Segunda reflexión. Cuando reconocemos que nuestros pensamientos determinan nuestra experiencia, sabemos también que otras personas no nos pueden alejar de nuestra felicidad. A veces son precisamente esas personas las que más necesitan de nuestra Presencia.
De modo que la negatividad que verdaderamente nos aleja de la felicidad no es la de las circunstancias (en este caso, la gente negativa), sino la que genera el pensamiento posterior ("esta persona me pone de mal humor").
Gracias por tu Compañía.
Y mucha Luz en tu Camino.
Por favor, comparte esta entrada, si lo deseas. ¡Gracias!
lunes, 14 de enero de 2013
Encuentra el propósito de tu vida en un nanosegundo
Hace unos días, en una sesión de coaching con un nuevo cliente, este me expresaba su ansiedad por encontrar el propósito de su vida. Acto seguido comenzó a describirme todos los cursos, talleres e incluso terapias que había realizado con el fin de dotar a sus acciones y actividades de un significado y orientación específicos. Al fin y al cabo, uno de sus mejores amigos lo había logrado. Se había pasado la niñez jugando con una pasión desbordante al lego, y había encontrado el proposito de su vida: dedicarse al diseño de casas ecológicas.
Gracias por tu Compañía.
Y mucha Luz en tu Camino.
Hace unos días, en una sesión de coaching con un nuevo cliente, este me expresaba su ansiedad por encontrar el propósito de su vida. Acto seguido comenzó a describirme todos los cursos, talleres e incluso terapias que había realizado con el fin de dotar a sus acciones y actividades de un significado y orientación específicos. Al fin y al cabo, uno de sus mejores amigos lo había logrado. Se había pasado la niñez jugando con una pasión desbordante al lego, y había encontrado el proposito de su vida: dedicarse al diseño de casas ecológicas.
Por contraste, mi cliente se había pasado su vida adulta explorando diferentes carreras, profesiones y ocupaciones - él lo llamó "dando palos de ciego"-, y por más que lo intentaba no daba con su ansiado propósito. A lo cual le pregunté si había disfrutado del proceso, obteniendo cómo respuesta "Inmensamente".
Mi siguiente pregunta fue: "En esta situación, ¿qué estás presuponiendo que te lleva a generar en ti esas sensaciones de estar incompleto en tu vida?" Después de un oportuno silencio comentó: "Acabo de darme cuenta. Estoy presuponiendo que hay un sólo camino en la vida, y una manera específica de hacer ese camino. Estoy presuponiendo que si descubro el propósito de mi vida se me desvelará un camino por el que transitar sin esfuerzo, y que ese es el orden por el que debe darse el proceso. Estoy presuponiendo que explorar, experimentar y andar por sendas diferentes es señal de falta de madurez e indecisión. Y estoy presuponiendo que la forma en la que se hacen generalmente las cosas en esta sociedad y en esta cultura es lo correcto para mí también." Y así estuvo compartiendo sus presuposiciones y sentires durante casi veinte minutos.
Después de estas reflexiones pregunté: "¿Y ahora?" Mi cliente respiró profundamente, sonrió y respondió: "Me queda una vida por experimentar". Los dos reímos, aliviados.
Y me acordé de las abejas. Gracias a ellas y a sus procesos de polinización, seguimos disfrutando de suculentos tomates, zanahorias, fresas... Imagínate el mundo sin aceite, sin forraje para el ganado, sin las miles de especies de flores y plantas que crecen en nuestros entornos y más allá. Y me acordé también de las aves, y su papel en la dispersión de las semillas.
¿Acaso alguna de ellas es consciente de su propósito de mantener la vida en nuestro planeta? ¿Cambiaría algo si lo descubrieran? ¿Qué pasaría si el propósito de nuestras vidas fuera algo similar que va emergiendo y evolucionando discretamente con cada persona, en cada acto, con cada conversación? ¿Dónde está escrito que tenemos que atrapar ese escurridizo propósito y llevarlo estampado en la frente?
Librerías, bibliotecas e internet están repletos de los 5 pasos, 20 minutos y 6 claves para descubrir el propósito de tu vida. Pero no te afanes en buscar más allá. Te lo diré en un nanosegundo. El propósito de tu vida: ser tú.
Gracias por tu Compañía.
Y mucha Luz en tu Camino.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Mis verdaderas prioridades
lunes, 10 de septiembre de 2012
Mini-sesión de coaching para nuestras relaciones.
Decía C. S. Lewis que “Amar por completo es ser vulnerable. Ama lo que sea y tu corazón llorará y posiblemente se romperá. Si quieres asegurarte de mantenerlo intacto no debes dárselo a nadie, ni siquiera a
un animal. Envuélvelo cuidadosamente con pasatiempos y pequeños lujos evitando todo tipo de enredos. Guárdalo seguro en un cofre u oculto detrás de tu egoísmo. Pero en ese cofre, seguro, oscuro, inmóvil, sin aire, cambiará. No se romperá, sino que se convertirá en inquebrantable, impenetrable, irredimible. Amar es ser vulnerable.”

Una forma directa y segura de recibir feedback acerca de lo que proyectamos tanto a nivel consciente como inconsciente, es observar detenidamente nuestras relaciones y nuestra capacidad de manifestarnos de manera vulnerable en ellas.
Ahora, enfoquemos la palabra VULNERABLE, una palabra de interpretación arbitraria, cuyas acepciones van desde mártir, a víctima, pasando por débil. Personalmente prefiero conectar con autenticidad. ¡Y cómo cuesta!
Tanto mi trabajo como mi experiencia personal en ellas, me dicen que las relaciones comienzan a flaquear cuando ocultamos nuestra vulnerabilidad y nos centramos en defender y en atacar, convirtiendo lo que antes era nuestro “punto tierno” en un campo de batalla.
Para rescatar ese “punto tierno”, cuatro preguntas que nos permitirán regresar al centro. Antes de hacerlas, crear un pacto de vulnerabilidad, de estar con el corazón abierto, sintiendo duda, amor, vergüenza, temor, ternura, miedo, dulzura. Cuando estamos vulnerables, todas caben.
(1) ¿Hay algo que estoy haciendo, que desearías que dejara de hacer?
(2) ¿Hay algo que no estoy haciendo, y que te gustaría que empezara a hacer?
(3) ¿Hay algo que estoy haciendo, de lo cual te gustaría que hiciera menos?
(4) ¿Hay algo que estoy haciendo, de lo cual te gustaría que hiciera más?
“Sólo cuando somos lo suficientemente valientes como para descubrir la oscuridad, podremos descubrir el poder infinito de la luz”. Brené Brown
Mucha Luz en tu camino y gracias por tu compañía.
jueves, 30 de agosto de 2012
Metas Transformadoras
“El perfeccionismo es una muerte lenta.
Si cada cosa ocurriera como a mí me gusta
o como la hubiera planeado
nunca experimentaría algo nuevo.”
Hugo Prather en Palabras a mí mismo.
¿Te has preguntado alguna vez para qué el empeño en ponernos metas? ¿Para qué tanta insistencia en orientarnos a un futuro imaginado, cuando lo único real es el presente? ¿Qué hay de especial en ir en pos de un anhelo o una lista de deseos?
Estas fueron algunas de las preguntas que me hizo uno de mis alumnos durante el descanso en una reciente formación para coaches. Es algo que yo misma me cuestiono, y más ahora con la aparición de películas y libros como “El Secreto” y otros similares. Con ellos ha surgido una corriente cuyo enfoque es atraer situaciones creadas a medida, como la pareja, la cuenta bancaria o el trabajo perfectos, sin contrapartida. Esto es loable porque activa nuestras posibilidades además de nuestra imaginación, pero es, a la vez, inquietante en sus posibles interpretaciones, porque el supuesto es que con el mero pensamiento podemos controlar el mundo físico.
Parte de esta corriente que ha surgido, también está enfocada a excluir todo lo que etiquetamos de “negativo” de nuestras vidas, lo cual es como desear una playa sin orilla o una montaña sin valle. La evidencia me demuestra que, al menos en este planeta, eso es imposible, incluso para las personas que escriben dichos libros (y no me imagino siquiera que ellas mismas pretendan hacernos creer que están exentas de este dualismo).
¿No es cierto que cuando estamos en la cima de la montaña, podemos admirar la belleza del valle? ¿Y que cuando estamos en el valle, podemos alzar la mirada e imaginar cómo puede ser la vista desde la montaña, y motivarnos para escalarla? El insistir en crear una sin la otra supone orientarnos hacia un esfuerzo desmedido y sin recompensa.
Pero, volvamos a la meta. ¿Para qué crearla e ir en pos de ella? Galeano diría que para caminar. Yo añadiría que para enamorarnos más profundamente de la vida. Cuando nos comprometemos con una meta activamos infinidad de recursos internos (cualidades, capacidades, creencias potenciadoras) y externos (personas, dinero, circunstancias) que nos permiten vivir con intención, con enfoque y con un sentido de propósito.
¿Es imprescindible obtener esa meta? Pues depende de cada cual. Parte de la respuesta está en el siguiente planteamiento:
Piensa en un anhelo, meta o deseo que quieres ver realizado. Ahora responde al siguiente supuesto: si el objetivo de dicho anhelo, meta o deseo no fuese su realización, sino evocar o desarrollar una cualidad o capacidad o creencia en ti, o que vivas una determinada experiencia, ¿qué sería esa cualidad, capacidad, creencia o experiencia? También puedes responder con un ejemplo de tu pasado: ¿qué cualidades, capacidades, creencias o experiencias vitales forjaste cuando te comprometiste con una meta en el pasado (independientemente de si la realizaste o no)?
¿Ya has respondido? Pues en tu respuesta está el para qué de las metas. Y eso es una meta transformadora.
Mucha Luz en tu camino. Y gracias por tu compañía.
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